Desconexión en Calblanque (Murcia)

 Fotografías | Dani Bristow  
 
Calblanque es uno de esos sitios en los que nada más llegar piensas “¿Cómo he podido estar tanto tiempo de mi vida sin conocerlo?“. La Playa de Calblanque es un remanso de paz en el Mar Mediterráneo que se esconde en el sector oriental de la Sierra minera de Cartagena-La Unión y destaca por su virginidad con respecto a la zona: no hay un solo edificio en kilómetros a la redonda (exceptuando alguna caseta en ruinas desalojada desde hace años y con pintadas) y tampoco cobertura telefónica.

Justo debajo del Mar Menor se encuentra el Parque Regional de Calblanque, Monte de las Cenizas y Peña del Águila, a 25 km de Cartagena y a 9 km de La Manga del Mar Menor. La fama por su playa nudista (a la que, personalmente, no sé cómo se accede así que no preguntéis aquí -hay que hacer un máster por lo visto, con las señales de colores en las piedras por los caminos del parque-) le precede y no te suelen mirar demasiado bien si dices por ahí que vas a Calblanque (ya de entrada se piensan que vas a la playa nudista antes de porder querer ir a relajarte a una playa sin explotar urbanísticamente, algo tan difícil hoy en día en el Mediterráneo). Yo desde pequeño siempre había oído hablar de la zona (soy de Cartagena), pero ni mis padres me llevaron nunca ni tuve los recursos para ir por mi cuenta hasta que tuve mi propio coche y pude empezar a explorar. Ahí fue cuando descubrí que este debía de ser uno de mis rincones favoritos para perderme.

A este Parque Natural se puede acceder en coche o en unos autobuses especiales que hacen el recorrido por las diferentes playas con las que cuenta el mismo. Las playas cuentan con unos modestos espacios para aparcar en tierra, que cuando se llenan, ya no admiten el paso de más coches y solo es accesible con autobús, por lo que es recomendable ir pronto por las mañanas con el coche en caso de estar en temporada alta en verano. Yo puedo contar en mi haber con las experiencias que supone entrar en coche y entrar en autobús, siendo la segunda un poco más divertida: es un autobús gratuito que se coge en la entrada del parque en unas taquillas en las que te preguntan a qué hora quieres entrar (obvio, el primer autobús que pase, ese quiero) y a qué hora quieres salir (eso ya no mola tanto, porque tienes que calcular cuánto tiempo quieres invertir allí, contando con el hecho de que no vas a tener cobertura en todo ese tiempo que pases dentro, por lo que calcula de forma responsable). La mayoría de las veces que he ido, ha sido solo, en compañía de mis revistas, libros, música y/o cámara de fotos; también he ido con amigos, pero menos. Me gusta mucho adentrarme y desconectar de todo allí. Estar en contacto con el sonido de las olas y poco más.

Una de las veces que fui, poseído por la curiosidad, me bajé en el punto más lejano al que llevaba el autobús y con todo mi espíritu aventurero, me adentré por los senderos en una tarde de domingo soleada y calurosísima en una zona a la que ni los coches tenían acceso. Unas cuantas familias se bañaban y comían con sus sombrillas en una de las calas que había en los recovecos del parque, pero yo seguía andando, buscando una playa privada en la que tumbarme a tomar el sol, comer tranquilamente y pegarme un buen baño. Al cabo de 15 minutos encontré un diminuto rincón inmaculado que estaba compuesto por una mezcla entre orilla, piedras y con un aire muy sospechoso a playa sacada de la isla de Perdidos. Cerca pasaban los yates privados que tanto proliferan en la Costa Cálida y se paraban a comer en medio del mar. Ellos iban a su rollo, yo iba al mío.

Lo mejor es esa sensación de estar completamente en armonía con tu cuerpo, con la naturaleza y en un sitio en el que sabes que no te puede molestar nadie. De hecho, para acceder a este rincón de “playa” había que escalar hacia abajo un pequeño muro de roca, como si se tratara de un acantilado en muy pequeña escala. Toda una maravilla y un acierto en el centro de la diana para aquellos que buscan escapar de los bullicios de las grandes ciudades y las playas masificadas al estilo Benidorm o La Manga y no les gustan las playas del interior del Mar Menor.

Deja un comentario

*